sábado, 31 de mayo de 2008

Soledad*




Recuerdos almacenados unos tras otros en el olvido.

La indiferencia que te atribuía, ahora se vuelca hacia mí como un karma
y por más que quiero alejarte de mis pensamientos
la coyuntura de mi vida,
vida que se ha vuelto más tuya que mía,
sólo consigue evocarte una y otra vez.

Ya me cansé de fingir que no estás
ya me cansé de fingir que no me importa que estés,
ahora lo único que quiero es que te alejes de mí
que por una vez me permitas conocer lo que hasta el momento estuvo oculto.
Me mantengo habituada a ti
pero esa costumbre empieza a molestarme
me desagrada hallarte en todo momento
y lo que más me repugna es tenerte allí incluso cuando en teoría no estás.

¿Qué esperas para largarte de una vez?
¿Por qué no siquiera disimulas tu existencia con la sutileza pretérita?

Es mi miedo lo que te atrae
pero sé que llegará el momento en que desistas.


jueves, 29 de mayo de 2008



Me miras con esa sonrisa irónica
porque sabes que conseguiste lo que te había negado.
Me miras y en tus adentros
imploras por que no me arrepienta de un momento a otro.
Me miras y crees que me sonrojo
cuando, en realidad, esa fase pasó hace ya mucho.
Me miras incluso cuando piensas que no te estoy mirando
me miras y comentas,
comentas y me sigues mirando.

Ya no estoy ansiosa
(intento convencerme).

Pero tal vez tu mirada
adivina sin querer lo que siento,
eso que siento y a veces no me percato
(o quizás sólo finjo no hacerlo).

Por eso ya no quiero que me mires,
por eso ya no quiero que comentes.

Aunque una parte de mí,
esa parte necia y desquiciada,
esa parte que se aleja de la razón y cede cada vez más a las pasiones,
quiere motivar en ti ese paroxismo,
ese frenesí, que ya había probado antes.
Y mientras busco furtivamente tu mirada
me obligo a mí misma a alejar de mi mente la idea
(tal vez a sabiendas de que de ese modo resultará aún más efectiva).

Y quizá ahora pienses
que la que no debe de mirarte soy yo
que la que no debe de acercarse soy yo.

O tal vez no.

domingo, 18 de mayo de 2008

Mentiras retocadas con verdad.

En el silencio de tu voz
mis palabras frustradas
se muestran sigilosas en mi mente.

Será el tiempo el fiel testigo
de mi travesía ineludible
por evadir mis deseos encubiertos
en mantos de indiferencia.

Lo notas en mi hablar
y finges ignorarlo
sabiendo que de ese modo
la desazón producida
incentivará en mí la aberrante idea de anhelarte.

Mis labios tocan, imaginariamente,
los campos elíseos de tu boca,
mueren de deseo por sentirlos una vez más;
pero la sola idea es inconcebible a la razón,
quien no escatima en recordar
la frivolidad de tal acción.

Muerta en vida,
esclava de mi obsesión.

El placer inmerso en mis deseos
acaba lentamente con mi cordura.

¿Y la ética?,
hundida en el abismo del olvido
producto de una amnesia temporal.


miércoles, 14 de mayo de 2008

Ambrosía

Y comenzamos otra vez.

El murmullo de los muebles,
espejos delatores,
llamadas perdidas,
mentiras encubiertas.

Besos de alcohol,
sonrisas difusas,
el brillo de la oscuridad,
el cantar de otras voces.

La negativa,
la seducción,
el paroxismo,
el éxtasis final.

Y comenzamos otra vez.


martes, 13 de mayo de 2008

Deseos colectivos




En una caja de cartón guardaré tu voz
para escucharla en la soledad de mis noches.


Alquilaré una nube
para que me dé lluvia en días calor.


Y al sol le pediré prestado un rayito
para regalártelo en invierno.

Jugaremos en el pasto y me dirás que debo crecer
y yo te responderé que por eso lo hago,
para olvidar que crecí.

En cada sonrisa veré el arco iris
y mis lágrimas serán tan dulces
que querré llorar más seguido.

La luna me sonreirá
y las estrellas me cantarán para dormir.

Esconderé un “te quiero” en un trocito de cielo
para que cuando despiertes y lo mires
recuerdes que un día te quise.

Le contaré cuentos a las flores
para que a cambio me regalen su aroma
en frascos de perfume.

Y visitaré al mar cada tarde
para preguntarle si él también tiene sueños.

En la noche me disfrazaré de viento
para deslizarme cautelosa por tu ventana
y acariciar tu mejilla mientras duermes.

Contaré cada granito de arena
para escribir el número en un trozo de papel
y perderlo en mis recuerdos.

Y cuando me pregunten
diré que he vivido
de la forma en que jamás nadie lo hará,
porque no lo hice por ti,
lo hice por mí,
tú sólo formaste parte de mis sueños.