Mi vida transcurre entre momentos de vértigo,
delirios de amor
y promesas no formuladas,
miedo al vacío,
soledades errantes.
Mi vida y su tibio sentir
modelan sonrisas tenues
exhalan pasiones dilatadas
combinan el encanto de la impulsividad
con la aguzada desmesura de la razón.
Así, se vuelca hacia un abismo de emociones
entre alegrías
versos
y esperanzas,
leyendo entre líneas
verdades a medias y gritos mudos.
Mi vida transcurre de este modo
con el desasosiego producto de la incertidumbre,
con la fría caricia de una tarde irresoluta,
con una palmada sobre el hombro
de esas que pretenden eclipsar la fatalidad.
Los instantes vividos ya
se almacenan unos tras otros
en depósitos mohosos, rebosantes de soberbia
ubicados estratégicamente a un lado de la vulnerabilidad.
Los pensamientos automáticos
se amilanan por la tajante presencia del juicio,
el ello se reduce entonces a la banalidad,
se ve desprovisto de la espontaneidad ulterior.
Mi vida recurre de manera incesante
a la mitigadora caricia de la palabra
al utópico optimismo
manipulador.
Pensar
Sentir
Actuar
Todo se entremezcla.
Mi vida es, entonces,
la configuración de una tarde de otoño
cuando las hojas caen en aquel suicidio colectivo
para luego resurgir y restaurarse
delirios de amor
y promesas no formuladas,
miedo al vacío,
soledades errantes.
Mi vida y su tibio sentir
modelan sonrisas tenues
exhalan pasiones dilatadas
combinan el encanto de la impulsividad
con la aguzada desmesura de la razón.
Así, se vuelca hacia un abismo de emociones
entre alegrías
versos
y esperanzas,
leyendo entre líneas
verdades a medias y gritos mudos.
Mi vida transcurre de este modo
con el desasosiego producto de la incertidumbre,
con la fría caricia de una tarde irresoluta,
con una palmada sobre el hombro
de esas que pretenden eclipsar la fatalidad.
Los instantes vividos ya
se almacenan unos tras otros
en depósitos mohosos, rebosantes de soberbia
ubicados estratégicamente a un lado de la vulnerabilidad.
Los pensamientos automáticos
se amilanan por la tajante presencia del juicio,
el ello se reduce entonces a la banalidad,
se ve desprovisto de la espontaneidad ulterior.
Mi vida recurre de manera incesante
a la mitigadora caricia de la palabra
al utópico optimismo
manipulador.
Pensar
Sentir
Actuar
Todo se entremezcla.
Mi vida es, entonces,
la configuración de una tarde de otoño
cuando las hojas caen en aquel suicidio colectivo
para luego resurgir y restaurarse
para luego esperar hasta la próxima estación.