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"Mi vida podría cambiar con una sonrisa
a la luna"
La inexorabilidad de un destino
anticipado por el tiempo
concretó ahora un desenlace que inició en una lágrima
y terminó en un suspiro
rodeado de amargas verdades que se fueron perdiendo en
unos ojos que sólo buscaban querer
al deseo infinito de unos labios que agonizan tras su paso por
pasiones dilatadas por la quimérica obsesión
de un constante imposible.
El onírico final es tan sólo el inicio
de una nueva historia
Los puntos suspensivos
concluyeron su travesía
para convertirse hoy en un tan esperado
punto
aparte.
El recuerdo de un marzo encerrado entre cuatro paredes y el rechinar de dos almas atrapadas en la clandestinidad
Un noviembre gris que se amotina en las pupilas de unos ojos rojos
que ven lo que no veían desde la última primavera
Cuando ese setiembre vio pasar
con una caricia
lo que sería el presagio de la monomanía indisoluble de un pasado constante
El recuerdo de una calle de julio, donde los labios tímidos de la noche
rozaron una sonrisa camuflada entre el vaivén de una orgía de pasiones dilatadas
aquellas que nacieron en tus labios y murieron en tu mirar
La regresión de memorias recalcitrantes realiza hoy su visita periódica a un presente cansado de mirar atrás
con la espuria promesa de no volver más.
Ahora
la vida
busca una excusa para respirar,
mientras tú exhalas dagas de cobardía
que se incrustan entre estos ojos ciegos
que te ven como nunca,
un nunca que duró la eternidad
y acabó con una puerta que se cerró sin mirar atrás,
con las ansias contenidas de volver
por el sendero por el que una vez creyó flotar.
Ahora
este camino es de una sola vía
como siempre,
aunque ese siempre sólo dure una fracción de segundo
y aunque un segundo pueda durar un para siempre.
Recorro sin pudor el camino en el que te encontré
hace ya algún tiempo,
el camino que recorrimos juntos
y en el que aún quedan tus huellas marcadas,
indelebles pese al tiempo,
vestigios que hoy noto tan cerca y tan lejos a la vez.
Mis zapatos, cansados de caminar,
se detienen de cuando en cuando para encontrar compañía en pisadas furtivas
algunas pasajeras
algunas las de siempre,
empolvados de recuerdo
continúan el rumbo por el que
alguna vez
los encaminaste,
aquel que no logro determinar si dejaste o
si simplemente te detuviste a reposar.
No sé aún si sigues esperando,
mirando desde lejos,
no sé si en algún momento te animarás a continuar la marcha
o si enrumbaste ya a otro destino,
pero lo que puedo atestar es que yo volteo esporádicamente
para asegurarme de que no me estoy yendo sin ti,
para asegurarme de que no me estoy dejando a mí misma allí atrás.
Habría sido todo perfecto, como en esos comerciales de los 40’s
con la sonrisa clavada en los rostros
y con la gente envidiándolo;
pero, dejando de lado la represión, claro está,
eso nunca hubo ni habrá
creo yo,
ni represión ni rutina,
poder recorrer los lugares menos pensados
en los momentos menos pensados.
Y es que es así,
el paroxismo fluye de modo permanente
y la constante acentuación de serotonina será siempre el complemento ideal,
de eso no caben dudas,
entre escaleras, jardines y bares,
ni represión ni rutina.
Habría
en verdad
sido perfecto
de no ser porque jamás pudo llegar a ser.
La promesa ciega de
una sonrisa eterna y un corazón sordo
perduró hasta hoy.
La colectividad de emociones nos da ahora la espalda
para dar paso a la necedad de deseos
masoquistas,
mutilando memorias con cigarrillos encendidos
y amores pasajeros.
Nuestra pasión no tuvo un principio ni un final,
nuestra historia empieza y termina
en
puntos
suspensivos
Cuéntame al oído cómo mueren las rosas en tu regazo,
cuéntame,
con la facilidad que solías tener,
cómo se enciende de carmesí tu mirar
y cómo se dilata la luna en tus pupilas.
Viste de azabache mi armonía
y con una nebulosa tempestad
dime NO.
Qué tal si ponemos nuestras mentiras en bandejas de plata.
Qué tal si nos acostamos con una verdad en la mejilla, la dureza de tu orgullo en mis manos y tu falsa felicidad en la mirada,
cargada de agujas danzantes
atravesando la herida del interior de
un corazón ya acabado por la inexorable realidad,
desgarrando memorias en una taza de café negro sobre tus ojos rosados
¿Y qué si te lo hubiera dicho antes?
Admite que tal vez quisiste algo más
y yo admitiré que no quise creer que lo quisieras.
Me penetró la amargura,
avizoré tus recuerdos
y volví al lugar donde empecé.
Hoy,
una vez más,
la nostalgia se disfrazó de ti.